Buscamos en horóscopos y pitonisas
la clave del futuro.
Preguntamos a adivinos y echadores de cartas
la suerte que el mañana nos depara.
Pues bien: ni el azar ni la suerte
tienen en sus manos
las riendas de la vida de los hombres.
Nadie puede profetizar
tu caminar y tu destino.
Sólo Dios gobierna el mundo,
Él lo creó con amor infinito.
Dios rige el destino de los hombres.
Pero, además, nos dio la libertad
para guiar nuestros pasos
con el mayor rigor y responsablemente.
