¿Qué ganamos con invocar a Dios?
decía el santo Job en su tribulación.
Y eso mismo decimos seriamente
muchos de los que hoy
vivimos con criterios de pura utilidad.
Solo nos mueve la rentabilidad,
la producción y el beneficio.
No hay otros valores
que motiven nuestra ilusión y nuestro empeño.
Invocando a Dios ganamos, sin embargo,
su ayuda y su amistad, la trascendencia
y la plena dignidad de hombres inmortales.
