Las piedras del río,
por fuera mojadas,
la entraña tienen seca
por más que el agua
resbale sin descanso sobre su piel.
¿De qué le sirve al hombre
la Palabra y la gloria
si cierra a cal y canto el alma?
Ya puede Dios llamar cada mañana.
¿Se encontrará cerrada día tras día
la puerta del corazón?
Ábrele, alma.
