«Que cada uno, con el don que ha recibido,
se ponga al servicio de los demás,
pues sois administradores
de la multiforme gracia de Dios».
No asfixies en tus puños
tantos dones como llevas en el alma.
Abre las manos, lanza al aire y desparrama
los valores de tu espíritu fecundo.
No hagas distinción; ayuda a todos,
que todos son hermanos en la naturaleza
y en el destino final. Sé generoso.
