No protestes ni discutas,
no reproches ni repliques;
que la docilidad y la condescendencia
conquistan voluntades
y hacen grata la convivencia familiar.
Sé dúctil y flexible,
condescendiente y magnánimo.
Harás de tu hogar un paraíso
donde todos seréis felices.
No levantes la voz airadamente
ni salpiques de barro
el nombre de tus padres.
