Cuando llame a tu puerta la desgracia,
y no puedas desterrarla,
ármate de paciencia y fortaleza.
Recuerda que es condición
de la vida presente
sufrir contrariedades.
No dejes que te rinda
el abatimiento y la desesperanza.
Mantén firme la fe,
ilumina la desdicha
con luz de trascendencia
y recogerás el fruto agridulce
de paciencia y de conformidad.
