Si cometes pecado
no pierdas la paz.
Basta tu arrepentimiento
en el sacramento de la reconciliación
y un salto hacia la altura
mejorando tu vida.
La gracia se desborda
y está siempre a tu alcance.
Dios nos pide tan sólo
el arrepentimiento,
la confesión humilde.
Sentirás que el alma se transforma
en un lago sereno
de calma y confianza.
