No seas suspicaz ni receloso.
No enmarañes las cosas.
No presumas malicia
o segundas intenciones en los otros.
Sólo una presunción debe guiarnos:
la inocencia y derechura
de cuantos nos rodean.
No te buscan las vueltas
ni provocan tu humillación.
Si te disgustas
es por tu prevención y tus prejuicios.
