El primer grito del hombre es el llanto
y el dolor, su pertinaz compañero.
Algunas de estas lágrimas destilan
del tronco de la vida misma.
No añadamos con nuestra tosca maldad,
heridas, golpes, o zarpazos
al pecho o al rostro de los hombres.
Bastantes sufrimientos soportamos
sin que nadie los cause.
Sea la bondad
la mano extendida a los hombres.
