No acostumbres tu boca a la grosería,
no escupas palabras ordinarias.
La impudicia en el hablar,
los modos soeces,
no añaden hombría a tu carácter.
Más bien, revelan inmadurez,
mimetismo impersonal,
esnobismo adolescente.
Si la palabra expresa el pensamiento,
sea como éste, limpia y perfumada.
Hablar bien es mejor.
