Pregúntate a ti mismo alguna vez
por la última razón de tu existencia.
Verás que está en tu hondón,
oculta entre el ramaje de las cosas,
pero fuerte y vigorosa como un rayo.
Quien halla esa razón,
ordena sus ideas, sus acciones,
al fin postrero у causa de su ser
que no es otro que Dios, Padre у Maestro
del párvulo inseguro —que eso somos—.
Él compadece tus yerros, mas espera
que por Él rectifiques tu extravío.
