Miniaturas 125

Es ley de Dios que tú y yo nos amemos.
Es fuerza que me ayudes y te ayude.

Nadie es tan indigente que no tenga algo que dar;
nadie tan rico que no sienta
necesidad que otros puedan colmarle.

Yo no puedo andar sin el cayado de tu brazo
y tú sin el del otro o sin el mío.
Nadie lo tiene todo y nadie nada.

Por eso hemos de dar lo que tenemos
y lo que no, pedirlo humildemente.

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