Miniaturas 151

Maldecimos la guerra y bien maldita sea.
¿Cómo justificar, entonces, el campo de batalla,
pequeño pero cruel que tenemos montado?

Nos atrincheramos entre alambre de espinos
de agresividad y de desprecio,
de soberbia sutil y de mutismo,
de la provocación o de la intemperancia.

Abandonemos la pólvora y la espada.
Seamos pacíficos. Alzad el corazón
como blanca bandera de paz у de acogida.

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