Miniaturas 170

Pongamos amor
donde otros siembran odio.
Ya no rige entre cristianos
la ley del Talión.

Dejemos la venganza —ni siquiera interior—:
que es venenoso semejante sentimiento.
Dejemos incluso la justicia
a los adustos tribunales.
El corazón no puede ser guarida
del rencor, del odio que rechazas.

Amor sin excepción:
éste es el mandamiento.

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