Pongamos amor
donde otros siembran odio.
Ya no rige entre cristianos
la ley del Talión.
Dejemos la venganza —ni siquiera interior—:
que es venenoso semejante sentimiento.
Dejemos incluso la justicia
a los adustos tribunales.
El corazón no puede ser guarida
del rencor, del odio que rechazas.
Amor sin excepción:
éste es el mandamiento.
