Para el hombre amargado todo es malo,
todo es falso, dañino, insoportable.
Nunca está satisfecho.
Le molesta y le irrita
cualquier contrariedad.
Vive así: sin aliento ni alegría,
en constante tortura y pesadumbre.
Sí, es verdad que hay tristezas en la vida.
Mitiguemos su efecto con serena paciencia.
En el rostro, siempre un gesto propicio.
En el hablar, la palabra amansada.
Y en la mente, el pensamiento recto.
