Miniaturas 044

Uno reza, otro maldice:
¿a quién escuchará el Señor?

Oculto pero vivo está Dios en tu seno,
oye tus maldiciones o atiende tu oración,
percibe tus rencores o presiente tu amor,
observa tus envidias o ve tu caridad.
Dios es tu propio espejo, escondido en el alma
en el que se refleja tu más íntimo ser.

Lo que brota de ti —sonrisa o maldición—
lo rechaza o acoge Dios sobre tu conciencia.

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