Más fácil es negar las cosas
que enterarse de ellas.
Con cuatro ideas vagas, con generalidades
vamos cansinamente por sobre la verdad.
Preferimos lanzar descalificaciones
a entrar en el discurso con datos y argumentos.
Sabemos cuatro cosas.
Hablamos, sin embargo, sin rubor ni complejo
de todo: lo divino y lo humano. Y sentenciamos
con aire suficiente
de cuanto se comenta, se informa o se discute.
El sabio es siempre humilde; soberbio, el ignorante
que niega cuanto ignora.
