Si no tiene remedio, afróntalo,
no llores, maldigas o lamentes.
Este vivir humano está trenzado
de dolor, alegría y sinsabores
que templan el espíritu,
someten la soberbia,
humanizan los gestos,
dimensionan la vida
y sitúan al hombre en su justo lugar:
entre el tiempo у lo eterno,
entre el cielo у la tierra,
entre Dios y la historia.
