Más vale el que se domina a si mismo
que el que conquista una ciudad.
Hermosa condición la de ser hombre,
dueño y señor de su temperamento,
forjador tesonero del carácter,
buen gobernador de sus pasiones,
experto conductor de sus tendencias
que brotan violentas, espontáneas
у que precisan del control consciente.
Voluntad dirigida y rectos pensamientos
dan al hombre su propio señorío y dignidad.
