Miniaturas 109

En el centro vital del hombre pulsa
y palpita el corazón como una tromba.
Lo impulsó Dios un día con su mano
y lo puso puntual como un reloj.
Vive el hombre mientras él late;
muere cuando calla y se detiene.

Pero ese corazón
tiene un quehacer más hondo у duradero,
y es amar, entregarse, rendirse a quien lo acoge.
Para eso esta puesto en nuestro pecho:
para dar y sufrir,
colocarlo de frente
junto al hombre que sufre,
junto a quien no ha escuchado una palabra
de ternura y sabor de cercanía.

El corazón, para amar. Para amar sólo.

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