Lanza, puñal, jabalina,
dardo, rejón, espino, espada…
Son palabras que sugieren heridas en la carne
y que nunca empuñaremos. No somos crueles.
Pero, cuidado.
En la aljaba de tu boca está la lengua
que puede convertirse en flecha envenenada
si rezuma rencor, desprecio o malquerer.
Con la palabra podemos hacer sangre.
Se nos da, sin embargo,
para la alabanza, para el saludo amistoso,
para compartir la verdad y el sentimiento,
para la luz y la caricia.
La palabra, limpia.
