«¡Qué paciencia hay que tener!»,
decimos con frecuencia
cuando alguno de los nuestros
agota nuestra templanza.
Y es verdad.
Hemos de tener paciencia.
Virtud escasamente valorada
pero importante en la vida común.
Si todos cometemos imprudencias,
si tenemos manías у rarezas
y pedimos paciencia у comprensión,
es justo que tratemos a los nuestros
con calma y sosiego ilimitados.
