Miniaturas 186

Si alguien nos llama la atención
por un fallo o imprudencia
que hayamos cometido,
tengamos la humildad y la entereza
de asumir su amable reconvención.

No hay que pensar que quieran zaherirnos,
sobre todo si sus observaciones
son hechas con afecto y con delicadeza.

Para no engreírnos, no está mal
que aceptemos con modestia y sencillez
la cariñosa reprimenda
de quien nos quiere bien.

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