«No hay problema»
dice siempre un buen amigo mío.
Ya puedes plantearle
las más raras cuestiones,
el más extraño encargo,
que siempre te dirá, risueño y dócil,
las mágicas palabras: «no hay problema».
Y si lo hay, él lo solventa.
Es cuestión de talante,
de buena voluntad y simpatía.
Nunca va por delante la objeción,
jamás un pero.
¡Qué envidiable manera
de ser y de actuar con todo el mundo!
