La vida en sociedad, la convivencia
trae consigo, de forma inevitable,
fricciones y tropiezos, pequeños roces
que no siempre sabemos suavizar.
Y de una intrascendente incomprensión
hacemos una guerra encarnizada.
Discusiones, reproches y denuestos
surgen cual llamarada de una chispa
que hubiéramos podido controlar.
La calma y la templanza neutralizan
cualquier contrariedad o contratiempo.
Aísla la chispa. No soples la brasa.
