«El exceso de maldad
enfriará la caridad de muchos,
pero el que persevere hasta el fin
se salvará».
Perseverar en el bien; ése es el reto
que todos tenemos planteado.
Es un imperativo permanente,
es una vocación irrenunciable.
Podemos disculpar las mil flaquezas
en que diariamente tropezamos.
Pero, por excesivo y abundante
que sea el mal que nos rodea,
jamás podremos ampararnos en él.
Somos, uno por uno, responsables
de nuestros propios actos.
