Acepta el buen consejo del amigo,
pídelo, incluso.
No te sientas seguro
como si tu opinión, tus decisiones
fueran un soplo del oráculo divino.
Fácilmente solemos obcecarnos
con nuestros juicios primeros,
con nuestra clarividencia presuntuosa.
Si alguien te quiere
y te brinda su parecer sin apasionamiento,
contrástalo con tu propio punto de vista.
Comprenderás sin esfuerzo
que enriquece tu mirada
y descubre otros lados del problema
que tú, apasionadamente,
ignorabas con riesgo de tropiezo.
