No busquemos excusas
a nuestro malquerer, a los rencores
que enmarañan los hilos de nuestro corazón.
Hay que limpiar de maldad el pensamiento,
aclarar la voluntad
con el amor, la comprensión y la piedad.
Sólo así vivirás, con exquisita justeza,
la más sublime doctrina
del Evangelio salvador.
Ni un mal pensamiento
debe tener cabida en tu alma.
Incluso al enemigo,
si alguien así te conceptuara,
debes perdón y magnanimidad.
