Sal de ti mismo.
Asómate a la vida de otros hombres.
Hay en la sociedad carencias y problemas
que, aunque a ti no te hieran,
te afectan por los cuatro puntos cardinales.
Sabes de mil necesidades, mil angustias
que atenazan la vida de otros seres.
¿Cómo puedes vivir de espaldas al sufrimiento humano,
si son esos hombres hermanos de tu sangre?
Métete, sin pereza,
en el mundo doliente y malherido.
