Acuérdate que fuiste engendrado por tus padres.
¿Cómo podrás pagarles
lo que hicieron por ti?
Respeto y amor son el grato tributo
que les debes mientras vivan.
Jamás, por mucho que hagas,
corresponderás con justicia
al don de la vida que te regalaron.
Si llegan a la sosegada ancianidad
cuídate de ellos sin escatimar generosidad.
Dios alarga la vida del hijo agradecido.
