Presta el pañuelo limpio
de tu limpia amistad
al que llora agobiado
por ese inesperado contratiempo.
Es más fácil reír con el que ríe
y brindar por el triunfo del que triunfa.
Pero es más hermoso y más humano
compartir el salobre del llanto
con el que sólo en las lágrimas
encuentra desahogo.
Aunque no le resuelvas su problema,
siéntate a su lado y comparte en silencio su tristeza.
