No seas lastimero
ni lamentes tus duelos
apoyado en los hombros que se acercan a ti.
Que las calamidades
no sean la canción de tus labios
ni las penalidades tu obsesa fijación.
Sé, más bien,
altavoz animador y motor de la alegría,
del optimismo, de la esperanza.
Arroja luz y claridad,
serenidad y confianza
sobre el alma de tus compañeros de camino.
