¿Sabías que era una persona de PALABRA?

De palabra hablada, escrita, cantada, poetizada, meditada, rezada, agradecida. Su palabra iba misa, al rosario, a la radio, a la conversación y a la predicación, no en vano pertenecía a la Orden de Predicadores (dominicos). Si una palabra suya podía herir a alguien, se la guardaba en la boca. El escribió: “Que el genial privilegio del habla sirva para lo que Tú, Señor y Padre nuestro, la inventaste: para la acción de gracias y para la alabanza, para el amor y el perdón. Y, en fin, para alabarte a Ti, Señor y Padre nuestro. Amén”. Su última palabra fue “gracias” que resume su manera de ser y de relacionarse con los demás y con Dios. “Te doy gracias, Señor, por esta vida mía en la que he sufrido y de la que he disfrutado. Nacido en tiempo y lugar adecuados, elegidos por Ti y, en consecuencia, óptimos”.