Cuando das la espalda al sol
no ves más que tu sombra.
No entiendes la oscuridad de tu perfil,
la opacidad de tu mente,
la penumbra de tu corazón.
Si das la espalda al sol,
ocultas engañosamente
tu propia realidad,
y te incomoda la indefinición de tus pasos.
Tiende tu alma al sol.
Lo entenderás casi todo
y te aceptarás con tus limitaciones.
