Miniaturas Inéditas 78

No te cebes en el error ajeno,
ni te rías del pecado de tu hermano.
Que ese error y ese pecado,
llevan, también, las huellas y la marca
de tu nombre y tu apellido.
No eres tan bueno como acaso piensas,
ni tan limpio que jamás hayas pecado.

Si pediste compasión en tu caída,
otórgala sin límites.
Nadie es mejor que nadie.

Sabemos cada uno,
cuantas y cuáles son nuestras flaquezas.

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