«Bienaventurados los limpios de corazón
porque ellos verán a Dios»
Lo verán cara a cara en la otra vida.
Mas también lo verán en la naturaleza,
en el rostro del hombre compañero,
en la cara inocente de los niños,
en el gesto doliente del que sufre,
en la mirada suplicante del hambriento,
en todo lugar y a cada paso.
Todo es limpio para el limpio.
Sus ojos embellecen la tristeza
y hermosean las sombras con su ternura.
