¿Dónde quedó la infantil inocencia,
la brava y juvenil espontaneidad?
Con el tiempo y los golpes
nos volvemos suspicaces y egoístas,
indiferentes, fríos e insensibles.
Toda experiencia, incluso la sombría,
debe ser constructiva y creadora
de nuevas actitudes, de afanes de mejora,
de ideales más altos, de mejores empeños.
Cualquier cosa menos la indiferencia
ante el dolor y la tristeza humana.
