No ha venido a llamar a los justos
sino a los pecadores.
Por puro amor,
sin que a Él le rente nada,
Jesús se ocupó de nuestra salvación.
Uno a uno nos llama
para que esa salvación se haga singular.
Siendo como somos pecadores,
tenemos su predilección asegurada.
Vuélvete a El:
que hay más alegría en el cielo
por un pecador que se convierte
que por miles de justos
que no precisan penitencia.
