Son más los hombres y mujeres desconocidos
que el pequeño grupo de familia y amigos
con quienes nos sentimos cercanos y relacionados.
Con éstos es relativamente fácil
mantener relaciones amigables.
Los vínculos que con los distantes nos anudan
son más amplios y sueltos.
No por eso, sin embargo,
podemos despreciarlos.
La común naturaleza,
la misma humana condición
son razón suficiente
para ser respetuosos y educados
con toda persona que, al fin,
es hermano nuestro desde siempre.
