Dios nunca hace el mal;
el que abunda en la tierra
es fruto de la malicia, la envidia y la ambición.
No levantes tus ojos contra el cielo;
allí sólo reside la bondad.
Ocúpate en limpiar tu mente,
de enderezar tus manos
y serás uno más a mejorar la tierra.
Culpamos a Dios
de nuestras injusticias y vilezas,
cuando de Él recibimos
la inmensa capacidad de hacer las cosas bien.
