Tu fe religiosa es compromiso
o no es fe verdadera.
Creer no es ejercicio intelectual;
es meterse hasta el cuello
en el amor universal,
en efectiva solidaridad,
en acción bienhechora.
La raíz de la fe no es otra que Dios.
Pero este Dios se encarna
y habita entre los hombres.
Decir «Señor, Señor» no es suficiente.
Hay que comprometerse
con las mil y una maneras de pobreza
que lacran el mundo en que vivimos.
