«En el día de los bienes
se olvidan los males
y en el día de los males
no se recuerdan los bienes».
Los bienes nos parecen merecidos
y juzgamos injustos
los males que nos cercan.
Olvidamos los buenos momentos,
los días felices, las horas entrañables
sin dar gracias por ellos.
Maldecimos, en cambio, el sufrimiento
pidiendo cuentas por la contrariedad.
La vida es una moneda
que, aunque de oro,
tiene cruz y reverso.
Acéptala en su integridad, serenamente.
