«¿Qué tienes que no hayas recibido?
y si lo recibiste, ¿por qué te engríes?»
Lo pregunta San Pablo a los corintios
y nosotros debemos preguntárnoslo
a nosotros mismos.
No es tuya la vida,
ni tuya la salud
ni el aire que precisas para vivir.
No escogiste tu fe, aunque te lo parezca.
De Dios procede todo don perfecto
y a Él hemos de referirnos
con gratitud y con correspondencia.
