A veces, en la vida de familia
se monta una tormenta
inexplicablemente
o acaso con razón.
Ningún temporal debe ser duradero.
Hay que recuperar la calma y la bonanza.
No se puede sostener indefinidamente
el revuelo o el desquiciamiento
de la buena relación,
de la paz armoniosa del hogar.
Cada uno debe pedir excusas
y volver con humildad
a la mutua comprensión perdonadora.
Si os sorprende el nublado,
haced que vuelva el sol a lucir entre vosotros.
