
El P. Gago fue un “comunicador” que acreditaba sus palabras con el ejemplo de su vida. Transmitía con pasión lo que él creía y vivía, que no era otra cosa que el mensaje del Evangelio. Como legado nos dejó su fe inquebrantable, su alegría y su agradecimiento. Gracias fue su última palabra. “Te doy gracias, Señor, por esta vida mía en la que sufrido y de la que he disfrutado. Con el hato de mi vida a la espalda, sólo palabras obligadas y de bendición tengo hacia Ti”. (“Gracias, la última palabra”)