Justicia y rectitud levantan las naciones.
Trabajo y honradez elevan a los pueblos.
Nadie está disculpado
de empujar con su hombro,
en la común tarea de construir el mundo
en que viven los hombres.
¡Ojalá como hermanos!
No hay tarea pequeña,
ni ciudadano inútil.
No hay hombre que no tenga
un quehacer solidario.
Cada uno, en su sitio,
es pieza irreemplazable.
Y somos responsables,
cada uno en su medida,
del futuro que vamos a dejar
a nuestros hijos.
