No te alegres del mal ajeno
ni goce tu corazón por su desgracia:
que tales sentimientos manifiestan
maldad en quien los siente y los consiente.
Sean, por el contrario, tus actitudes
de compasión y bondad. Y si pudieras
de algún modo aliviar el sufrimiento,
ponte a su lado y mitiga su dolor.
Llorar con el que llora y aliviarle
es gesto de nobleza que te eleva
sobre la indiferencia y la torpeza.
