Miniaturas 104

No seas impaciente en tu oración:
que el oído de Dios siempre está abierto.

La oración no es un golpe de fortuna
o un resorte de automática respuesta.
La oración es constancia y confianza,
es fe a machamartillo,
perseverancia en el ruego.
Si quieres el pan de cada día,
cada día lo tienes que pedir.

Entre tantos minutos malgastados
algunos, por lo menos, se los «merece» Dios.

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