Miniaturas 157

Nadie quiere sentirse desplazado
у, menos todavía, acusado de «antiguo».
Ante la juventud, ante los chicos,
pretendemos aparecer como modernos,
postmodernos, más allá de la modernidad.

Ese afán de parecer muy avanzados
tiene un precio muy caro:
la renuncia, por inseguridad y cobardía,
de nuestros más sólidos principios,
de nuestras convicciones arraigadas.
Y así, vamos cediendo
a quienes hacen del derribo
su oficio más querido.

No hay nada más moderno
que lo perenne y lo inmutable.

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