Si el tiempo que perdemos en no sabemos qué
pudiéramos, acumulado, engavillarlo,
viviríamos más tiempo у satisfechos.
Con los retales del tiempo que desperdiciamos
podríamos hacernos una capa con que abrigar
nuestra pobreza en buenas obras,
en servicio a los más pobres,
en consuelo a los olvidados,
en acompañar la soledad ajena.
El tiempo es oro también para ganarlo
entregándolo a quien lo necesite.
El tiempo malgastado
empobrece la vida y la recorta.
